Cuando me lo contaron, sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.
cayó sobre mi espíritu la noche,
en ira y en piedad se anegó el alma.
¡y entonces comprendí por qué se llora
y entonces comprendí por qué se mata!
pasó la nube del dolor... con pena
logré balbucear breves palabras...
¿quién me dio la noticia?... un fiel amigo...
me hacía un favor... le di las gracias.
(Becquer)
.......
ahora ya puedo verlo desde lejos
puedo analizar cada etapa por la que pasé cuando ella me abrió los ojos....
ella, la otra-otra-otra
nunca coincidimos en el tiempo, pero sí en el espacio
¿Se puede aprender de los errores ajenos?
Para aprender tenemos que equivocarnos nosotros mismos
darnos la hostia, levantarnos, sacudirnos el polvo de las rodilleras del pantalón y avanzar
cojeando un rato, pero más atentos al suelo, desde luego.
A veces cuando caes hay alguien ahí que te ha visto caer
y se acerca y te ofrece la mano
te ayuda a incorporarte, te aconseja cómo limpiar el pantalón...
y te explica con qué has tropezado.
Al principio era turbador provocar esa compasion en alguien desconocido
pero luego fui comprendiendo sus razones, su sentimientos
y yo tambien pasé a sentir compasión
por ella, por todos.
Pero ya pasó, ya no hay compasión, ni pena, ni sentimientos tristes, ahora ese espacio lo ocupa una reparadora sensación de alivio
Alivio!
A veces creo que he despertado demasiado, que es cruel saber todo lo que sé
que he entrado una noche a hurtadillas en mi corazón y le he asesinado a sangre fría.
Pero yo también tengo derecho a ser cruel, es mi defensa.
Soy consciente de que me ha pasado lo mejor que me podía haber pasado,
me han hecho un favor... y nunca podré dar las gracias suficientes veces!