jueves, diciembre 28, 2006
miércoles, diciembre 13, 2006
.... odio los lunes
martes, diciembre 12, 2006
miércoles, noviembre 22, 2006
Ejecucion pública
la dueña de bandida es demasiado perezosa o demasiado tonta o demasiado poco de éso que hace falta para llevar a buen puerto varias personalidades
y se cansa, se cansa...
a Bandida le sacan las tripas con la precisión de un cirujano con parkinson
"Tampoco duele tanto", dice (siempre haciéndose la dura, hay personas que nunca cambian)
lunes, noviembre 20, 2006
Memorias del subsuelo
Díganme: ¿quién fue el primero que dijo, que proclamó que el hombre comete villanías sólo porque no sabe ver cuáles son sus propios intereses, y que si lo ilustrasen, si le abriesen los ojos ante sus verdaderos intereses, ante sus intereses normales, dejaría inmediatamente de cometer villanías y se convertiría acto seguido en un hombre bueno y honrado, puesto que, ilustrado por la ciencia y comprendiendo sus verdaderos intereses, obtendría las ventajas que el bien proporciona? Como se sobrentiende que nadie puede obrar a sabiendas contra su propio interés, el hombre se vería obligado, por decirlo así, a hacer el bien. ¡Como un niño! ¡Como un niño puro e ingenuo!
Pero ¿acaso el hombre, en el curso de sus miles de años de vida en la Tierra, ha obrado siempre al dictado de su interés? ¿Qué haremos entonces de esos millones de hechos que atestiguan que los hombres, aún advirtiendo cuál es su interés, lo relegan a un segundo plano y siguen un camino completamente distinto, lleno de riesgos y azares? No están obligados a ello, pero parecen querer evitar la ruta que se les indica y trazarse libremente, caprichosamente, otra llena de dificultades, absurda, oscura, apenas visible.
Ello prueba que esa libertad les seduce más que sus propios intereses... ¡Intereses! ¿Qué es el interés? ¿Se comprometen ustedes a definirme con toda exactitud en qué consiste el interés del hombre? ¿Qué dirán ustedes si un buen día se comprueba que el interés humano en ciertos casos puede, o incluso debe, consistir en desear no una ventaja, sino un perjuicio? Si es así, si puede presentarse el caso, todo se derrumba. ¿Qué creen ustedes? ¿Se puede presentar un caso semejante?
(...)
Pero el hombre es un ser versátil, y es posible que, como al jugador de ajedrez, le guste sólo la acción, sin importarle el objetivo que se puede alcanzar. Y, ¿quién sabe?, acaso el único objetivo que persigue la humanidad consista en ese esfuerzo, en esa acción; dicho de otro modo, tal vez la vida no tenga meta exterior, meta que, evidentemente, no puede ser más que ese «dos y dos son cuatro», es decir, una fórmula. Ahora bien, «dos y dos son cuatro» es un principio de muerte y no un principio de vida. En todo caso, el hombre teme siempre a ese «dos y dos son cuatro», y yo también le temo.
Cierto que el hombre sólo se ocupa en la busca de ese «dos y dos son cuatro», cruza océanos, arriesga su vida en este empeño..., pero les aseguro que teme encontrarlo, pues cuando dé con él, ya no tendrá nada que hacer. (...) nuestro hombre es muy diferente. Se observa en él cierta desazón cada vez que alcanza uno de sus objetivos. Desea aproximarse a la meta, pero cuando llega, no se siente satisfecho. Esto es verdaderamente gracioso. Y es que el modo de ser del hombre es algo tan cómico como un buen chiste. En fin, sea como fuere, eso de «dos y dos son cuatro» es algo sumamente desagradable. Yo lo calificaría de procaz. «Dos y dos son cuatro» nos desafía con insolencia. Con los brazos en jarras se planta en medio de nuestro camino y nos escupe al rostro.
Admito que eso de «dos y dos son cuatro» es una cosa excelente; pero puesto a alabar, les diré que «dos y dos son cinco» es también, a veces, algo encantador.
Pero díganme: ¿en qué se fundan ustedes para estar convencidos de que sólo es necesario lo normal, lo positivo, el bienestar en una palabra? (...) Si quieren conocer mi opinión personal, les diré que es incluso inconveniente desear únicamente el bienestar. ¿Está esto bien?, ¿está mal? No lo sé. Pero es lo cierto que a veces resulta en extremo agradable romper algo.
No es que yo defienda precisamente el sufrimiento o el bienestar: lo que defiendo es mi capricho, y lucharé, si es preciso, para que se me garantice.(Memorias del subsuelo - Dostoyevski , 1864)
Yo no sé para qué coño abro un libro
jueves, noviembre 16, 2006
El eterno amanecer de la mente sin mancha
no debería importarme.
O espera, a lo mejor sí debería
pero al menos podría joder un poco menos...
(Creo que por hoy ya le he dado bastantes vueltas a esto)
miércoles, noviembre 15, 2006
martes, noviembre 14, 2006
a la sombra de las resacas en flor
otra vez ésa sensación de estar esperando a que algo ocurra, como cuando esperas que lleguen las vacaciones, o un viaje, o que termine el asunto de trabajo que te trae de cabeza, esperando, dejando morir el tiempo, los días, las semanas y luego un día te das cuenta de que llevas un mes sin hacer nada, expectante e inmovilizada, quiero hacer un agujero en la tierra, enroscarme en él, cubrirme con hojas secas, desaparecer de la circulación, que pase el tiempo, un año, y despertar a preguntarme si algo he cambiado, y si no, volver a enterrarme y así hasta que la respuesta me parezca satisfactoria
por desgracia las cosas no se arreglan así.
lunes, noviembre 13, 2006
Lu nes
Es sólo que me aburro, sí, y por eso escribo un post contándotelo. También te cuento que esta mañana el estómago me ha dado un saltito, y que sospecho que no era cosa de la resaca, aunque le voy a echar la culpa, así acabo antes.
Me duele la cabeza, me cuesta pensar y tengo frío. Qué dura vida es la mala vida.
Ahí queda eso.
miércoles, noviembre 08, 2006
Saltos temporales
06/10/2006
"Me turbas
No puedo evitar que lo que dices me haga entornar los ojos
y aunque finja un educado interés, por dentro estoy ansiosa por saber todo y no puedo parar un segundo quieta en mi asiento.
Y más tarde
me salto los semáforos y los ceda el paso analizando tus palabras,
buscandome un hueco entre ellas. "
Prometo que no, no me paso todo el día pensando en ello
(hago pausas para dormir)
martes, noviembre 07, 2006
virtual, dos
el problema ya no es ese sino las cosas que hacemos cuando nos lo creemos, sin medir las consecuencias
Me lo contabas, pero yo no estaba para sermones.
En qué queda todo si no? en un juego
Qué soy? un personaje de un juego de rpg, subiendo niveles a base de acumular experiencia, hasta llegar al nivel 100 ó hasta que se acaben las vidas ¿Cuántas vidas le quedan a bandida?
martes, octubre 31, 2006
Despacio
me aprietas contra la pared
te aprietas contra mi
sin dejarme escapar
en el caso de que yo quisiera
que no es el caso
porque yo me retuerzo buscando tu boca con mi boca
buscando tu sexo con mis manos
todo tu cuerpo con el mío
me aprietas contra la pared
empujas dentro de mi
y me susurras al oído cosas tan horribles
que me trastornan, me seducen
y me hacen sonreír,
entregar mis armas y entrar en tu juego
lunes, octubre 30, 2006
No sé cómo explicar
... que a veces me siento como si yo fuera el país de Jauja y cualquiera pudiera venir a beber de mis rios de vino y miel sin que yo pueda hacer nada por impedirlo
... que sigo siendo tan absurdamente ingenua a pesar de todo
... que me resisto a dejar de serlo
Bueno... eso, que no sé cómo explicarlo.
jueves, octubre 26, 2006
bien, o no
Pero eso está bien, digo, porque esta tristeza viene por algo real, por algo que no tiene nada que ver con mis miedos, ni mis fobias ni mis pensamientos oscuros...
de esos hace un tiempo que no tengo noticia
Así que... bien...
¿no?
miércoles, octubre 18, 2006
En compañía de lobos (y IV)
"(...) El lobo es carnívoro encarnado.
Cuando concluyó con la abuela se relamió la barbilla y pronto volvió a vestirse hasta quedar tal como estaba cuando entró por aquella puerta. Quemó el pelo incomible en el hogar y envolvió los huesos en una servilleta que escondió debajo de la cama, en el mismo arcón de madera en el que halló un par de sábanas limpias. Las tendió cuidadosamente sobre la cama, en reemplazo de las delatoras manchadas de sangre, que amontonó en la cesta de la ropa sucia, esponjó las almohadas y sacudió la manta, levantó la Biblia del suelo, la cerró y la puso sobre la mesa. Todo estaba igual que antes menos la abuelita, que había desaparecido. La leña crepitaba en la parrilla, el reloj hacía tic tac, y el
joven esperaba paciente, ladino junto a la cama, con la cofia de dormir de la ancianita.
Tap-tap-tap.
¿Quién anda ahí?, trina en el cascado falsete de abuelita.
Tu nietecita.
Y la niña entró trayendo consigo una ráfaga de nieve que se derritió en lágrimas sobre las baldosas, un poco decepcionada tal vez al ver sólo a su abuela sentada junto al fuego. Pero él de pronto ha arrojado la manta, ha saltado a la puerta y se ha apoyado contra ella de espalda para impedir que la niña vuelva a salir. La niña echó una mirada en torno y advirtió que no había ni siquiera el hueco que deja una cabeza sobre la tersa mejilla de la almohada y, qué raro, la Biblia, por primera vez, cerrada sobre la mesa. El tic tac del reloj chasqueaba como un látigo. Quiso sacar el cuchillo de la cesta pero no se atrevió a extender el brazo porque los ojos de él estaban clavados en ella: ojos enormes que ahora parecían irradiar una luz única, ojos grandes como cuencos, cuencos de fuego griego, fosforescencia diabólica.
¡Qué ojos tan grandes tienes! Para mirarte mejor.
Ni rastros de la anciana, excepto un mechón de pelo blanco adherido a la corteza de un trozo de leña sin quemar. Al verlo, la niña supo que corría peligro de muerte.
¿Dónde está mi abuela?
Aquí no hay nadie más que nosotros dos, mi adorada.
De pronto, un inmenso aullido se elevó en torno de ellos, cercano, muy cercano, tan cercano como la huerta; el aullido de una muchedumbre de lobos; ella sabía que los peores lobos son peludos por dentro, y tembló, pese al pañolón escarlata que se ciñó un poco más alrededor del cuerpo como si pudiera protegerla, aunque era tan rojo como la sangre que ella habría de derramar.
¿Quiénes han venido a cantarnos villancicos?, preguntó.
Son las voces de mis hermanos, querida; adoro la compañía de los lobos. Asómate a la ventana y los verás.
La nieve había obstruido la mirilla y ella la abrió para escudriñar el jardín. Era una noche blanca de luna y de nieve; la borrasca se arremolinaba en torno de las fieras grises, esmirriadas, que, sentadas sobre sus ancas en medio de las hileras de coles de invierno, apuntaban sus afilados hocicos a la luna y aullaban como si se les fuera a partir el corazón. Diez lobos; veinte lobos... Tantos lobos que ella no podía contarlos, aullando a coro, como enloquecidos o desesperados. Sus ojos reflejaban la luz de la cocina y centelleaban como centenares de bujías.
Hace mucho frío, pobrecitos, dijo ella; no me extraña que: aúllen de ese modo.
Cerró la ventana al lamento de los lobos, se quitó el pañolón escarlata, del color de las amapolas, el color de los sacrificios, el color de sus menstruaciones y, puesto que de nada le servía su miedo, cesó de tener miedo.
¿Qué haré con mi pañolón? Échalo al fuego, amada mía. Ya no lo necesitarás.
Ella enrolló el pañolón y lo arrojó a las llamas, que al instante lo consumieron. Se sacó la blusa por encima de la cabeza. Sus senos pequeños rutilaron como si la nieve hubiera invadido la habitación.
¿Qué haré con mi blusa? También al fuego.
La fina muselina salió volando como un pájaro mágico en llamaradas por la chimenea, y ella ahora se quitó la falda, las medias de lana, los zuecos; y también al fuego fueron a parar y des aparecieron para siempre; la luz de las llamas se reflejaba en ella a través de los contornos de su piel; sólo la vestía ahora su intacto tegumento de carne. Así, incandescente, desnuda, se peinó el pelo con los dedos. Su pelo parecía blanco, blanco como la nieve de afuera. De pronto se encaminó hacia el hombre de los ojos color '!
sangre con la desordenada cabellera pululante de piojos; se irguió en puntas de pie y le desabrochó el cuello de la camisa.
Qué brazos tan grandes tienes. Para abrazarte mejor.
Y cuando por propia voluntad le dio el beso que le debía, todos los lobos del mundo aullaron un himno nupcial del otro lado de la ventana.
Qué dientes tan grandes tienes.
Advirtió que las mandíbulas de él empezaban a salivar, y la estancia se inundó del clamor del Liebestod de la selva, pero la astuta niña ni se arredró siquiera al oír la respuesta.
Para comerte mejor.
La niña rompió a reír. Sabía que ella no era comida para nadie. Se le rió en la cara, le arrancó la camisa de un tirón y la echó al fuego, en la ardiente estela de la ropa que ella misma se quitara.
Las llamas danzaron como almas en pena en la noche de Walpurgis y los viejos huesos debajo de la cama empezaron a castañetear, pero ella no les prestó atención.
Carnívoro encarnado, sólo la carne inmaculada lo apacigua. Ella apoyará sobre su regazo la terrible cabeza, le quitará los piojos del pellejo y se los pondrá, quizá, en la boca y los comerá como él se lo ordene, tal como lo haría en una ceremonia nupcial salvaje.
Cesará la borrasca.
Y la borrasca ha cesado dejando las montañas tan azarosamente cubiertas de nieve como si una ciega hubiese arrojado sobre ellas una sábana; las ramas más altas de los pinos del bosque se han enjalbegado, crujientes, henchidas de nieve.
Luz de nieve, luz de luna, una confusión de huellas de zarpas. Todo silencio, todo quietud.
Medianoche; y el reloj da la hora. Es el día de Navidad, el natalicio de los licántropos, la puerta del solsticio está abierta de par en par; dejad que todos se hundan.
¡Mirad! Ella duerme, dulce y profundamente, en la cama de abuelita, entre las zarpas del tierno lobo."
Crash *
yo me diluyo en la tuya y tú me administras dos gotas
y así vamos tirando
(*pero mejor la de Cronemberg)
lunes, octubre 16, 2006
En compañía de lobos (III)
"Antes de convertirse en lobo, el licántropo se desnuda completo. Si por entre los pinos atisbas a un hombre desnudo deberás huir de él como si te persiguiera el Diablo.
Es pleno invierno y el petirrojo, el amigo del hombre, se posa. el mango de la pala del labrador y canta. Es, para los lobos, peor época del año, pero esa niña empecinada insiste en cruzar el bosque. Está segura de que las fieras salvajes no pueden hacerle ningún daño pero, precavida, pone un cuchillo en la cesta que su madre ha llenado de quesos. Hay una botella de áspero licor de zarzamoras, una horneada de pastelillos de avena cocinados en la solera del fogón; uno o dos potes de mermelada. La niña de cabellos de lino llevará estos deliciosos regalos a su abuela, que vive recluida, tan anciana que el peso de los años la está triturando a muerte. Abuelita vive a dos horas de marcha a través del bosque invernal; la pequeña se envuelve en su grueso pañolón, cubriéndose con él la cabeza a guisa de caperuza. Se calza los recios zuecos; está vestida y pronta, y hoy es la víspera de Navidad. La maligna puerta del solsticio se balancea aún sobre sus goznes, pero ella ha sido siempre una niña demasiado querida como para sentir miedo.
En esta región agreste, la infancia de los niños nunca es larga, aquí no existen juguetes, de modo que desde pequeños trabajan duro y pronto se vuelven cautos; pero ésta, tan bonita, la hija más pequeña y un tanto tardía, ha sido mimada por su madre y por la abuela, que le ha tejido el pañolón robo que hoy luce, brillante pero ominoso como sangre sobre la nieve. Sus pechos apenas han empezado a redondearse; su pelo, semejante al lino, es tan claro que casi no hace sombra sobre su frente pálida; sus mejillas, de un blanco y un escarlata emblemáticos; y hace poco que ha empezado a sangrar como mujer, ese reloj interior que sonará para ella de ahora en adelante una vez al mes.
Ella existe, existe y se mueve dentro del pentáculo invisible su virginidad. Es un huevo intacto, una vasija sellada; tiene en su interior un espacio mágico cuya puerta está cerrada herméticamente por una membrana; es un sistema cerrado; no conoce el temblor. Lleva su cuchillo y no le teme a nada.
De haber estado su padre en casa, tal vez se lo hubiera prohibido, pero él está en el bosque, cortando leña, y su madre es incapaz de negarle nada.
Como un par de quijadas, el bosque se ha cerrado sobre ella. Siempre hay algo que ver en la espesura, incluso en la plenitud del invierno: los apiñados montículos de los pájaros que han sucumbido al letargo de la estación, amontonados en las ramas crujientes y demasiado melancólicos para cantar; las brillante orlas de los hongos de invierno en los leprosos troncos de los árboles; las pisadas cueniformes de los conejos y venados; las espinosas huellas de las aves; una liebre escuálida como una raja tocino dejando una estela a través del sendero donde la tenue luz del sol motea las ramas bermejas de los helechos del año que pasó.
Cuando la niña oyó a lo lejos el aullido espeluznante de un lobo, su manita avezada saltó hasta el mango de su cuchillo, no vio rastro alguno de lobo ni de hombre desnudo; oyó, sí, u castañeteo entre los matorrales, y uno vestido de pies a cabeza. saltó al sendero; muy joven y apuesto, con su casaca verde y el sombrero de ala ancha de cazador, y cargado de carcasas de aves silvestres. Al primer crujido de ramas, ella tuvo ya la mano en la:, empuñadura del cuchillo, pero él al verla se echó a reír con destello de dientes blanquísimos y la saludó con una cómica pero halagadora reverencia; ella nunca había visto un hombre tan apuesto, no entre los rústicos botarates de su aldea natal, y así, juntos, continuaron camino en la creciente penumbra del atardecer.
Pronto estaban riendo y bromeando como viejos amigos. Cuando él se ofreció a llevarle la cesta, la niña se la entregó, aunque su cuchillo estaba en ella, porque él le dijo que su rifle los protegería. Anochecía, y de nuevo empezó a nevar; ella empezó a sentir los primeros copos que se posaban en sus pestañas, pero sólo les quedaba media milla de marcha y habría sin duda un fuego encendido, un té caliente y una bienvenida cálida para el intrépido cazador y para ella misma.
El joven llevaba en el bolsillo un objeto curioso. Era una, brújula. La niña miró la pequeña esfera de cristal en la palma de. su mano y vio oscilar la aguja con una vaga extrañeza. Él le aseguró que esa brújula lo había guiado sano y salvo a través del bosque en su partida de caza, ya que la aguja siempre decía con perfecta exactitud dónde quedaba el norte. Ella no le creyó; sabía que no debía desviarse del camino, pues si lo hacía podría extraviarse en la espesura. Él se rió de ella una vez más; rastros de saliva brillaban adheridos a sus dientes. Dijo que si él se desviaba del sendero y se adentraba en la espesura circundante, podía garantizarle que llegaría a la casa de la abuela un buen cuarto de hora antes que ella, buscando el rumbo a través del boscaje con la ayuda de su brújula, en tanto ella tomaba el camino más largo por el sendero zigzagueante.
No te creo, y además, ¿no tienes miedo de los lobos? Él golpeó la reluciente culata de su rifle y sonrió.
¿Es una apuesta?, le preguntó; ¿quieres que apostemos algo? ¿Qué me darás si llego a la casa de tu abuela antes que tú?
¿Qué te gustaría?, dijo ella no sin cierta malicia. Un beso.
Los lugares comunes de una seducción rústica; ella bajó los ojos y se sonrojó.
El cazador se internó en la espesura llevándose la cesta, pero la niña, pese a que la luna ya trepaba por el cielo, se había olvidado de temer alas fieras; y quería demorarse en el camino para estar segura de que el gallardo cazador ganaría su apuesta.
La casa de la abuela se alzaba, solitaria, un poco apartada del poblado. La nieve recién caída burbujeaba en remolinos en la huerta, y el joven se acercó con pasos cautelosos a la puerta,
como si no quisiera mojarse los pies, balanceando su morral de caza y la cesta de la niña, mientras tarareaba por lo bajo una canción.
Hay un leve rastro de sangre en su barbilla; ha estado mordisqueando sus presas.
Golpeó a la puerta con los nudillos.
Vieja y frágil, abuelita ha sucumbido ya tres cuartas partes a la mortalidad que el dolor de sus huesos le promete y está casi pronta a sucumbir por completo. Hace una hora, un muchacho ha ve nido de la aldea para encenderle el fuego de la noche y la cocina crepita con llamas inquietas. Su Biblia la acompaña, es una anciana piadosa. Está recostada contra varias almohadas, en una carea embutida en la pared, a la usanza campesina, envuelta en la manta de retazos que ella misma confeccionó antes de casarse, hace ya más años que los que quisiera recordar. Dos perros cocker de porcelana, con manchas bermejas en el cuerpo y hocicos negros, están sentados a cada lado del hogar. Hay una alfombrilla brillante, tejida con trapos viejos, sobre las tejas acanaladas. El tic tac del gran reloj de pie marca el desgaste de las horas de su vida.
Una vida regalada ahuyenta a los lobos.
Con sus nudillos velludos, ha llamado a la puerta.
Tu nietecita, ha entonado, imitando una voz de soprano. Levanta la aldaba y entra, mi queridita.
Se los reconoce por sus ojos, los ojos de una bestia carnicera, ojos nocturnales, devastadores, rojos como una herida; ya puedes arrojarle tu Biblia y luego tu mandil, abuelita, tú creías que ésta era una profilaxis segura contra esta plaga invernal... Ahora apela a Cristo y a su madre y a todos los ángeles del cielo para que te protejan, pero de nada habrá de servirte.
Su hocico bestial es filoso como un cuchillo; él deja caer sobre la mesa su dorada carga de roídos faisanes, y también la cesta de tu niña queridita. Oh, Dios mío, ¿qué le has hecho a ella? Fuera el disfraz, esa chaqueta de lienzo de los colores del bosque, el sombrero con la pluma ensartada en la cinta; el pelo enmarañado le cae en guedejas sobre la camisa blanca, y ella puede ver el bullir de los piojos. En el hogar los leños se agitan y sisean; con la oscuridad enredada en hirsuta melena, la noche y el bosque han entrado en la cocina.
Él se quita la camisa. Su piel tiene el color y la textura del pergamino, una franja erizada de pelo corre de arriba abajo por su vientre, sus tetillas son maduras y atezadas como frutos ponzoñosos, pero su cuerpo es tan delgado que podrías contarle las costillas bajo la piel si te diera tiempo para ello. Se quita los pantalones y ella ve cuán peludas son sus piernas. Sus genitales, enormes. ¡Ay, enormes!
Lo último que la anciana vio en este mundo fue un hombre joven, los ojos como ascuas, desnudo como una piedra, acercándose a su cama.
El lobo es carnívoro encarnado.
(...)"
( En compañía de lobos - Angela Carter)
martes, octubre 10, 2006
viernes, octubre 06, 2006
En compañia de lobos (II)
No hace mucho, una joven mujer de nuestra aldea casó con un hombre que desapareció como por encanto la noche de bodas. La cama estaba tendida con sábanas nuevas y sobre ellas se acostó la recién casada; el novio dijo que salía a orinar, insistió en ello, por pudor, y entonces ella se tapó con el edredón hasta su barbilla y así lo esperó. Y esperó, y esperó, y siguió esperando -¿no está tardando demasiado?- hasta que al fin se incorpora de un salto y grita al oír un aullido que el viento trae desde la espesura.
Ese aullido largo, modulado, parecería insinuar, pese a sus escalofriantes resonancias, un trasfondo de tristeza, como si las fieras mismas desearan ser menos feroces mas no supieran cómo logrado y no cesaran nunca de llorar su desdichada condición. Hay en los cánticos de los lobos una vasta melancolía, una melancolía sin fin como la misma floresta, interminable como las largas noches del invierno. Y sin embargo esa horrenda tristeza, ese condolerse de sus propios, irremediables apetitos, jamás podrá conmovernos, ya que ni una sola frase deja entrever en ellos una posible redención; para los lobos, la gracia no ha de venir de su propio desconsuelo sino a través de un mediador; y es por ello que se diría, a veces, que la fiera acoge casi con regocijo el cuchillo que acabará con ella.
Los hermanos de la joven registraron cobertizos y graneros mas no hallaron resto alguno; de modo que la sensata joven secó sus lágrimas y se buscó otro marido menos tímido, que no tuviera empacho en orinar en un cacharro y en pasar las noches bajo techo. Ella le dio un par de rozagantes bebés y todo anduvo como sobre ruedas hasta que cierta noche glacial, la noche del solsticio, el momento del año en que las cosas no engranan tan bien como debieran, la más larga de todas las noches, su primer marido volvió a casa.
Un violento puñetazo en la puerta anunció su regreso cuando ella revolvía la sopa para el padre de sus hijos; lo reconoció en instante mismo en que levantó la tranca para hacerlo pasar, pese que hacía años que había dejado de llevar luto por él, y que el hombre estuviera ahora vestido de harapos, el pelo pululante de pulgas colgándole a la espalda, sin haber visto un peine en años.
- Aquí me tienes de vuelta, doña – dijo. - Prepárame un plato de coles. Y que sea pronto.
Cuando el segundo marido entró con la leña para el fuego, el primero comprendió que ella había dormido con otro hombre y lo que es peor, cuando clavó sus ojos enrojecidos en los pequeñuelos que se habían deslizado hasta la cocina para ver a qué debía tanto alboroto, gritó: ¡Ojalá fuera lobo otra vez para dar una lección a esta puta! Y al punto en lobo se convirtió y arrancó al mayor de los niños el pie izquierdo antes de que con el hacha de cortar la leña le partieran en dos la cabeza. Pero cuando el yacía sangrando, lanzando sus últimos estertores, su pelaje volvió a desaparecer y fue otra vez tal como había sido años atrás cuando huyó del lecho nupcial; y entonces ella se echó a llorar y el segundo marido le propinó una tunda.
(...)"
(Ángela Carter - En compañía de lobos)
jueves, octubre 05, 2006
(...)
y esa temperatura de septiembre (sólo la de septiembre) la ráfaga de aire frio que te hace cambiar de opinión cuando ya estabas a punto de entrar en el agua de la piscina
Así, por dentro, así estoy
¡Cuánto silencio! Por más que pego la oreja a la puerta de mi conciencia, no oigo nada
Está callada como una puta.
A saber qué estará tramando.
miércoles, octubre 04, 2006
(no) soy
soy la que se ríe de tus intentos por perderte entre los que te rodean
soy la que espera a que te duermas para soñar con lo que no es correcto soñar,
soy la que grita "sí" cuando deberías decir "no, gracias",
soy el dedo con el que pruebas el pastel que prometiste no tocar, soy
la que desea al marido de tu prójima, soy
el dolor que sientes cuando no debería afectarte
soy el deseo de marcharte y mandarlo todo a la mierda
soy tus ojos cuando buscas aquellos ojos, soy
quien revuelve en tu memoria y saca del fondo de los cajones los recuerdos que escondiste
soy
todo lo que finjes no ser, y tú
eres tan sólo un disfraz
martes, octubre 03, 2006
En compañía de lobos (I)
Teme al lobo y huye de él; pues lo peor es que el lobo puede ser algo más de lo que aparenta.
Hubo una vez un cazador, cerca de aquí, que atrapó un lobo en un foso. El lobo había diezmado los rebaños de cabras y ovejas; se había comido a un viejo loco que vivía solo en una choza montaña arriba, entonando alabanzas a Jesús el día entero; había atacado a una muchacha que estaba cuidando sus ovejas, pero ella había armado tal alboroto que los hombres acudieron con rifles, lo ahuyentaron y hasta trataron de seguirle el rastro entre la fronda; pero el lobo era astuto y les dio fácilmente el esquinazo. Así que este cazador cavó un foso y puso en él un pato, a modo de señuelo, vivito y coleando; luego cubrió el foso con paja untada de excrementos de lobo. Cuac, cuac, gritaba el pato, y un lobo emergió sigiloso de la espesura; un lobo grande, corpulento, pesado como un hombre adulto: la paja cedió bajo su peso y el lobo cayó en la trampa. El cazador saltó detrás de él, lo degolló y le cortó las zarpas a modo de trofeo; pero de pronto ya no fue un lobo lo que tuvo delante, sino el tronco ensangrentado de un hombre, sin cabeza, sin piernas, moribundo, muerto.
En otra ocasión, una bruja del valle transformó en lobos a todos los convidados a una fiesta de bodas, y ello porque el novio había preferido a otra muchacha. Solía ordenarles, por despecho, que la fueran a visitar de noche y entonces los lobos se sentaban alrededor de su cabaña y le aullaban la serenata de su infortunio.
(...)
(En compañía de lobos - Ángela Carter)
lunes, octubre 02, 2006
Octubre
a veces ni comería, como si mi estómago te guardara alguna especie de luto
Sentada en la mesa masticando mecánicamente, escuchando las noticias, giro la cabeza y observo las plantas del balcón
cogollando y llenando la casa de un fuerte olor que anuncia otros olores que vendrán dentro de poco.
Está bien eso.
Las primeras semanas que tenga marihuana todo me dará igual, pienso,
aunque depués volverá a ser lo mismo.
Ahora no me molesta, que sea lo mismo, digo, porque estoy en una fase satisfecha, como diría X
y tendría razón, como siempre.
Comer sola me pone triste.
Y cuando me pongo triste vengo aquí, a ponerme en evidencia ante mi misma.
Me recuerda a cuando escribía diarios, en mi adolescencia.
Aún los conservo.
Debería quemarlos.
Comiendo sola te echo de menos
y eso no está tan mal
así no te echo de más
...
...
...
Sé que soy una miserable y una egoista
pero ya no me odio por ello
me he vuelto muy condescendiente conmigo misma
no tengo medida, es cierto
viernes, septiembre 29, 2006
más recuerdos
vas a pasar
la noche en blanco
abrazada a ti misma con la mirada fija en el techo
reteniendo las palabras y el efecto que produjeron
repitiendolo
una vez y otra
sintiendo las oleadas que erizan el vello de todo el cuerpo
escalofrios
falta de aire y suspiros y
un temblor en el labio
On a plane

En el avión no paré de hacer fotos a traves de la ventana
fotografiaba las nubes, las montañas, las islas, las ciudades que se extendían por la costa con la esperanza de poder reconocerlas algun día
a las azafatas a los
tifosi que cantaban el himno de la Roma
Cuando contesté: "Yo le hago fotos a todo" lo decía de verdad.
Lo pensé,
sonreí,
te las tengo que enseñar.
Ya eres el ala de este avión
miércoles, septiembre 20, 2006
virtual
ésta...
impunidad...
saca lo peor de algunos
de algunos más que de otros
Fiesta de prau
Y que ahora ya lo sé. Fui donde me contaste ¿Te acuerdas? Al lugar donde bromeabamos que podríamos encontrarnos fingiendo ante los demás que era algo casual
Sí... fui a todos los lugares que recordaba que habías dicho, pero no se lo dije a nadie... yo seguía un camino invisible a los ojos de los que me acompañaban.
Pues que otra vez te recordé y te eché de menos y no fui capaz de sentir rencor sino mucha penita y muchas ganas de que todo te fuera bien...
Ah, y hace mucho tiempo ya, me compré una taza con tu color para recordarte todas las mañanas... Ya, ya sé que eso no se hace
-Hay que ser idiota.
martes, septiembre 19, 2006
DIVX
un montón, esperándome
te ries cuando te lo digo, siempre, y me tomas el pelo y me llamas vaga, me pinchas diciéndome que miento
yo finjo que me enfado y... ya sabes lo de siempre, lo de siempre, siempre es igual...
por eso me daba tanta pereza.... y cuando tratabas de llevarme al terreno de juego, te daba esquinazo en cuanto podía
pero ahora... empieza a parecerme divertido
lunes, septiembre 18, 2006
vaya vaya
si ya hemos quedado en que todo lo que decía el hombre-espejo era mentira, si hemos convenido en que cambiaba la realidad a su antojo, y las reglas y lo que estaba bien y lo que estaba mal si hemos quedado
en que era un donjuan de pacotilla que simplemente juntaba palabras que había escuchado alguna vez y sabía cuando decirlas de manera que podía convencerte de que lo que era negro era blanco...
entonces...
entonces...
todo aquello
no era normal!
No nena no,
no era normal
lo que hacía él, ni lo que hacías tú ni lo que hacíais juntos!
no era normal
jajajajaj
ahora entiendo muchas cosas y entiendo a muchos...
jajaja
me parto!
No te desnudes

Allá por mayo empezó a hacer calor y yo empecé a tomar el sol en el balcón.
Me colocaba, bien orientada, con mi silla acolchada con cojines y toallas, otra para apoyar los pies, el libro que tocase en ése momento y el bikini azul, que me daba a mi la sensación de que realzaba lo blanchucha que me había quedado después de un invierno escondida. Pasaba un par de horas allí, hasta que la modorra me vencía, los ojos se nublaban y me daba cuenta de que había leído la misma línea unas tres veces... sin enterarme de nada.
Y me acuerdo un día que D estaba allí pero ya se iba, y se asomó al balcón para despedirse, me besó, y cuando se giraba para marcharse, se detuvo, me miró de arriba a abajo (de lado a lado, más bien) y tras un silencio, dijo: "No te desnudes" y se fue... dejándome asombrada y muerta de risa
Lo podría haber dejado así, pero empecé a pensar, cómo se le había podido pasar por la cabeza... aunque fuera broma... es algo yo jamás lo haría... y él, no lo sabe? no me conoce?...
Recuerdo entonces al "hombre-espejo", y una de sus demoledoras frases, esas, que dichas en el momento oportuno (qué bien sabía cuando llegaban esos momentos, el muy cerdo) me hacían sentirme una niñata estúpida...
"¡Qué mal te das a conocer!"
O qué bien me escondo, diría yo, porque, me doy cuenta, de que me he vuelto experta en hacerme la loca, en tirar balones fuera y en fabricarme una yo alegre y superficial que me sirve de colchón, de escudo y de muralla.
martes, septiembre 12, 2006
lunes, septiembre 11, 2006
10- The one I love
"This one goes out to the one i love
This one goes out to the one i've left behind
A simple prop to occupy my time
This one goes out to the one i love"(R.E.M.)
Muchas tardes tengo miedo de llegar y que ya no estés
Imagino la escena en mi cabeza, el corazón se agita y pierdo el aliento corriendo escaleras arriba
hago girar la llave y te llamo mientras siento la adrenalina golpearme primero en el estómago antes de echar a correr por todo el cuerpo
Y cuando respondes, simplemente
todo eso
desaparece
miércoles, septiembre 06, 2006
No creo.
ni creo
en destinos ni dioses sino tan solo en la muerte que me persigue y en el vacío que hay dentro de mi por esta misma razón y que buscaba rellenar con lo que fuera
contigo, con él, con cualquiera
devorando sin masticar, tragando como un pollo, corriendo como una loca entre las ramas secas
pensando que por llevar vaqueros no me iba a arañar
y cuando
paré a respirar sangraba por cientos de arañazos que escocían
y aprendí que nada de lo que hacemos pasa sin cobrarse la factura que
me perseguirán siempre los recuerdos aunque ya no duelan
pero estarán
lo sé
y recordaré las manos que ya no quiero recordar
y el olor y las texturas
y recordaré lo que hice para ti y delante de ti
y lo que te confesé
y me arrepentiré todas las veces que lo recuerde
y cómo nunca supe a qué sabías
ni si me habrías querido ni si yo te hubiera odiado
"Si ya no me quieres, ya no te quiero"
dijimos sin hablar
y como dos idiotas nos dimos la espalda y empezamos a caminar
y aprendí... vaya si aprendí
Dicotomías y otros males
separarlos es fácil el problema es
coincidir con la otra persona
cuando para mi es sexo, para la otra persona quizá es también amor
cuando entro en el juego y permito que sea amor
entonces
te salen con que es sólo sexo
y tu desconectas el cable del cerebro y lo conectas de nuevo al cuerpo
y te atacan con un te quiero
y
el problema es que es amor o es sexo según nos convenga, cielo, y estoy un poco harta de correr detras de ti interpretando tus señales
es sólo una reflexión
Feliz en tu día
a ver si, de paso, sirve como conjuro para quitarme la maldita cancioncita de la cabeza
El vídeo no es gran cosa, supongo que con el presupuesto del que disponían apenas les llegaba para hacer un power-point, pero el estilo karaoke tiene su punto.
"...cántame una canción
una tuya, ganador
Cántame una canción
que me diga lo feliz que estoy"
¿Puede haber un final más amargo?
lunes, septiembre 04, 2006
Pasó el cometa
"Cierra los ojos........ se oye crecer
siente la edad de la Tierra en los pies.
Abriendo los brazos....... se acerca el mar,
el frío ha roto lo que dijiste ayer.
La noche escapa........ en la pared,
el día espera si suena tu voz.
(voy a borrar tus sueños
para salir de tus recuerdos)"(Maga)
Lo nuestro son los fenómenos astrológicos
martes, agosto 29, 2006
6 - Wish Fulfillment
I see your wishes on the wall, and that's all right with me
I see you run to make a call, hoping that there's someone free
your life and my life they don't touch at all, and that's no way to be
we've never seemed so far
(...)
it might be simple, it might be true, I might be overwhelmed by you
you might be empty, the way your eyes just look right through
it's such a mess now anyway, wish fulfillment every day
I don't believe you, now I can't hear a word you say
(...)
it's my favorite shot of you, you look so pretty your eyes were true
I'm still on your side, in spite of everything you do
...(sonic youth)
++++++
¡Devuélveme mis canciones!
lunes, agosto 28, 2006
A corazón abierto

Y, cuando terminamos de hablar, caminé hacia la pinada, me senté bajo un árbol y sin que me temblara el pulso (eso se iba a acabar por fin) abrí el teléfono movil, saqué la tarjeta y la partí en dos. Más tarde, casi llegando a casa, la tiré en una papelera, cerca del BBVA.
Y, cuando terminamos de hablar, saliste de la cabina, con las monedas sobrantes en la mano, caminaste unos metros y las dejaste en el plato de un tipo que andaba pidiendo.